Otras Noticias — 27 abril 2012
Caridad y justicia son un servicio espiritual

El compromiso de salir al encuentro de las necesidades del prójimo no tiene límites; pero es imprescindible que se realice a la luz del Espíritu Santo, para que no se pierda en puro activismo. Así pues, esas dos realidades, el anuncio de la Palabra de Dios y el deber de la caridad, «deben vivir en la Iglesia», donde ambas tienen su lugar y su «relación necesaria». El Papa cita la narración de san Lucas en los Hechos de los Apóstoles para hablar de la intervención de la Iglesia en favor de las «personas solas y necesitadas de asistencia y ayuda». En la catequesis durante la audiencia general de esta mañana, miércoles 25 de abril, en la plaza de San Pedro, Benedicto XVI ha vuelto a proponer «la exigencia primaria de anunciar la Palabra de Dios según el mandato del Señor». Pero subraya la exigencia de poner en el mismo plano «el deber de la caridad y de la justicia, es decir, el deber de asistir a las viudas, a los pobres, y proveer con amor a las situaciones de necesidad en las que se encuentran los hermanos y las hermanas», dado que también en este caso se trata de «responder al mandato de Jesús: amaos los unos a los otros». La Iglesia, de hecho, «no sólo debe anunciar la Palabra, sino también realizar la Palabra».
En esta perspectiva, caridad y justicia no se han de interpretar sólo como«acciones sociales» sino también como «acciones espirituales». Hasta el punto de que quienes están llamados a hacer concreta esta doble expresión de la única misión de la Iglesia «no pueden ser sólo organizadores que saben actuar»sino que deben ser «hombres llenos de Espíritu Santo y de sabiduría», porque la obra que llevan a cabo, aunque sea sobre todo práctica, es de modo especial «una función espiritual». La actividad en favor del prójimo, ciertamente, «no se debe condenar -reafirma el Pontífice-, pero conviene subrayar que debe estar penetrada interiormente también del espíritu de contemplación». Esto ayuda a «aprender la verdadera caridad, el verdadero servicio a los demás», que «ciertamente requiere las cosas necesarias», pero sobre todo «el afecto de nuestro corazón, de la luz de Dios».
Es una valiosa advertencia «para nosotros hoy -concluye el Papa- acostumbrados a valorarlo todo con el criterio de la productividad y de la eficiencia».

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